31 mar. 2016

2 poemas - Adán Núñez Luna (México, 1989)

ROCE ERÓGENO

¡Un roce, solo un roce!
Invisible y silencioso como el reptar de una serpiente.
Un roce en el punto telúrico del cuerpo
para alumbrar un misterio más grande que la vida.
Un roce que destroce lo que la vida desconoce.
Un roce que despierte al demonio dormido de la dicha,
roce que sea electricidad de nieve y lava
que funda y confunda a la tierra con el cielo
que hermane para siempre al cielo y al infierno.
Un roce que sea embestida furibunda
de la dicha convertida en monstruo
que inaugure el acceso a los enigmas del tacto
que colonice cada parcela silvestre de una piel extraña
que explore y se sofoque en la virginidad de una oscura selva,
en sus aguas arreicas que el viento no ha perturbado,
en el bestiario ignoto que respira callado dentro de ella.
Un roce que evolucione en un segundo
hasta la sabia condición de la caricia
y que sacie en sus fauces dactilares
el atormentado calvario en que la sangre hierve.
Un roce en el punto cataclísmico que haga estremecer al universo;
un roce que le recuerde a Dios que podemos ser dioses de su mundo.
¡Oh Vida, dale a mi piel el roce en el punto adecuado
y moveré o destruiré al mundo en un abrir y cerrar de ojos!
¡Conduce mi tacto a la geografía idónea
y crearé en un instante lo que en su eternidad Dios ni siquiera ha imaginado!
¡Un roce en el punto donde el amor se esconde
para encontrar el punto por el que la vida vale!


LETANÍA DE EVA


De la costilla que Yavé había sacado al hombre,
formó una mujer y la llevó ante el hombre.
(Gen 2, 22).
Adán, bebe mi boca
que Dios la nutrió en mí para que te nutrieras;
en sus estrías escurre el agua
que el desierto de tus labios olvidados
busca desde el día primero de su nacimiento.
Tus labios, sanguijuelas sedientas de mi sangre,
pueden ya embriagarse en el odre de mi boca
pues mi boca ya vino a rendirse a tu ansia atormentada.
En tus temblorosas manos miro la brisa de los nervios
¿Será porque el magnetismo de mi cuerpo
mueve en ti al universo entero?
¿Qué sentirás de ver desnuda por fin a tu destino?
Tu lengua es una sierpe que habla y que me tienta
su voz es roja como una condena interminable
persuasiva y condenatoria como una corola prohibida.
Tu boca es el destino que morder ansío.
¡Ay, Adán! Toma mis pechos porque ellos saciarán tu hambre
esa pesada rémora que en ti hincó sus garras,
terremoto que diariamente conmueve hasta tu aliento
provocando en ti el exorcismo de un suspiro mortecino.
Desgarra mis muslos que nadie ha desgarrado,
rosal que cambió sus espinas por unas mandíbulas de seda,
escarba en ellos hasta encontrar tu madriguera
y después duerme en su lecho de calor eterno.
Abre mis piernas con tu pedernal sin filo,
enciende la estrella que, apagada, espera en mi seno
y sepúltala con toda la sombra de tu quejido abierto
hasta que no nos veamos sino constelados en el cielo;
desquita en mi espalda tu furioso e inhibido sentimiento
de estarme amando tanto y en tan poco tiempo;
riega tu aliento en las brasas de mi alma
y aviva la lumbrarada de este fuego invisible
con que Dios barnizó nuestros virginales cuerpos.
Y reposa tu cabeza, llena de dudas y penas,
en mi pecho, lleno de rosas y rocío,
entonces escucharás el resoplido de mis pulmones
y sentiré el escalofrío intacto de tu nuca
y podremos por fin consolarnos mutuamente
por haber sido castigados con la gracia maldita del Creador.
¡Vamos, Adán!:
yo nací para que en mí mueras.
Porque yo fui tu primera muerte —¿Lo recuerdas... tu costilla?—
y seré también la última muerte de tus muertes sucesivas.
Adán, yo soy Eva: tu des(a)tino; tu eres Adán, mi des(a)tino.
¿Sabrás que Dios nos hizo con tanto amor
que para amar hemos nacido y por amar nos moriremos?
Pues para sobrevivir necesitaremos morirnos en el otro
y resurgir del pecado con nuevas pieles de inocencia.
Porque Dios nos creó para sucumbir al más terrible de los destinos:
amarnos sin saber que nos matamos;
matarnos sin saber que nos salvamos;
salvarnos por la fuerza del amarnos.

Adán Núñez Luna

3 jul. 2015

Delicados claros/Cápsula humana - Ernesto Meléndez Bravo (México, 1996)

DELICADOS CLAROS


Ella danza y brinca dentro de mi boca,
Se adhiere a las lenguas de mi esófago
Y rasga con sus aletas de pescado el suave cristal dentro de mí,
Toca un punto de mi pecho y de mi espalda
Para decirme que ya pronto se quedará,
Para decirme que ya pronto volverá,
Lo que pase primero porque no es igual.
Y como nube, sale y se disipa
Sacudiendo su blanco vestido sobre mi labio y nariz,
Blanca urraca pasajera,
Cachondo escote que me miente,
Sobre mis dedos te doy vida una vez más,
Te toco, me siento o recuesto
Y te siento, desgraciado, amargado y frío.
En las noches oscuras
Te miro los cabellos anaranjados y grises,
Tus relieves de calvicie,
Sos hoja de tabaco que se perdió en una fábrica,
Delicada coca de dos pesos,
Lápiz que dibujas tu contorno en la sombra,
Beso interminable, estás en boca de todos
Y el único que te cree soy yo,
El único que te espera soy yo,
Empero te marchas, con tu blanco vestido
Te vuelves ajena, con tu calva cual bigbang,
Cual cometa extraviado,
Y me quedas por tres en esta cajetilla,
Y volveré a pagar para estar contigo,
Joderme la verga probando tu cuerpo en la boca
Y apagar tu última fumada sumergida en las gotas de semen,
Quemando a los hijos que pudimos tener si no fueses un pinche cigarro.




CÁPSULA HUMANA

Suben, bajan, él ya escuchó, uno se burla, otro besa, y sus manos son escorpiones, tengo un conocido a un lado, me busca la mirada pero no lo quiero ver, qué flojera saludarlo, si me suelto del tubo me desarmo, es como si le regalase mi mano, un apretón son muchas cosas, pierdes demasiadas ideas, peligro de caerte en el frágil mundo de los pies, ese autobús me está matando, somos seres encapsulados en una tableta, pastillas para las venas de esta ciudad, no somos más que bacterias creyendo ser glóbulos y plaquetas, bajamos y nos llevamos un poco de cada arteria en los zapatos, vas, vas y andas por los cerros cubiertos de cemento y tiendas, oxxos, equises, y los otros verdes, licorerías fresas a las que solo entras para preguntar por búfalos y tonayanes, tiburones y serpientes que te dejarán ciego en algún momento, son la droga de los desconcertados, el mundo del universitario, subidas y bajones, te embriagas con algo de allí y regresas el favor consumiendo sus fideos deshidratados con hambre de buen cualquier aliento que no sea el del alcohol. Esta vez fue diferente, una cápsula que no había visto, con un conductor nuevo, más viejo que los demás, con cara de papa quemada, y una de esas panzas que sólo se encuentran en el Istmo, llenas de hijos perdidos, de los abortos de putas que se han cogido y embriagado en un teibol barato, un par de sillones sin cojín, las mismas voces chocando con la música de los audífonos a la que nadie más que yo le pone atención, aún así, como en cada rutina, nos vi como lo que somos, eso, malformaciones celulares de este hombre grande e ilustre, loco de verdad, Xalapa; y ahí venían más, haciéndole la parada, desenvainando el índice cada vez más alto, y repetitivo, individuales, poniendo cara de perro tierno pa' que se pare en donde exactamente están, y no, los ignora, le valen, nueve pesos más, nueve pesos menos, a él qué le importa, se para más adelante y uno molesto, con una manta de fluidos de días que no se tocan el alma para romper las narices, con olores de todos los alcoholes juntos, le presto tanta atención como a un libro de Bukowski, lo estudio y sé que como él hay más que juntan nueve pesos para subir y dormir en el camión, un lugar cómodo, palabras que lo mojan y lo embisten, miradas que lo arrullan, cualquier camión es más cómodo que el asfalto, las bancas, las camionetas rojiazules que lo invitan a seguir siendo víctima del sistema y al mismo tiempo mandarlo a la mierda. Apestoso, vago, alcohólico y perdido, eso es, eso repite que es, y vuelve a dormir. La gente pasa y mira los sillones con el cojín tirado, nadie lo levanta, prefieren sentarse en los traseros de los demás tomados del tubo, sí, a mi lado; y un ave, grande, con lentes, sube y los acomoda, se sienta con cara de da igual, y se conecta al destino perdido, las nubes y los sueños cualquieras, los audífonos desconectados de la vida. Bajan, suben, bajan, ya oí, por detrás, háganse pa'trás, háganse pa'lante, pa'lmedio, entre más gente más velocidad, menos precaución y las cabezas flotan, los cuerpos se mueven, chocan los planetas entre frenos y semáforos, somos un bigbang encapsulado, ¿Qué si un día nos quedamos encerrados?, ¿Qué si un día salto y no me agarro?, ¿Para nosotros qué?, ¿Qué si me paso soñando con cabezas sin cuerpo colgadas de los tubos o en el frente de esta cápsula?, la cápsula del muerto, eso somos cuando estamos arriba, nadies, nuncas, jamases, palabras que no se deben combinar con la poesía, nadas, me bajo, gracias, buen día y me voy.

-Ernesto Meléndez B.

21 ene. 2015

Despabílate amor - Mario Benedetti (Uruguay, 1920-2009)

Bonjour buon giorno guten morgen
despabílate amor y toma nota
sólo en el tercer mundo
mueren cuarenta mil niños por día
en el plácido cielo despejado
flotan los bombarderos y los buitres
cuatro millones tienen sida
la codicia depila la amazonia

buenos días good morning despabílate
en los ordenadores de la abuela onu
no caben más cadáveres de ruanda
los fundamentalistas degüellan a extranjeros
predica el papa contra los condones
havelange estrangula a maradona

bonjour monsieur le maire
forza italia buon giorno
guten morgen ernst junger
opus dei buenos días
good morning hiroshima

despabílate amor
que el horror amanece.

Mario Benedetti

23 may. 2014

Buena vibra a mi ex novia - Miguel Ángel Ramírez Solano (México, 1989)

Ojalá el tiempo te pase
en suspiros y tardes desahuciadas
de abrazos ausentes,
en extrañares pasajeros,
en lugares llenos de extraños,
y, acompañada, te sientas sola.

Olvídate y cúrate
las heridas que debes,
tus heridas, los rencores,
el puto carácter que tienes,
los abrazos y los besos,
que sueñas, por supuesto.

Y tendrás muchos amantes
y largas horas de sexo salvaje,
cuerpos trabajados, mamertos,
un atásquese de dos metros,
quien te quiera
y quien te ame.

Ojalá el tiempo te aleje
y Alá te perdone y te bendiga.
Ojalá vivas feliz contigo misma.
Regálate, al que viene, en sonrisas.
Ojalá no topes el remake de Blade Runner:
No mames, ¡qué reverenda porquería!
pero quién sabe, siendo como eres
de seguro te gustaría.

Que encuentres tu tiempo perdido.
Yo no lo tengo y lo anduve buscando...
El olvido es del otro el exorcismo.
Luego madurarás en algo hermoso.
Inmensa pena el no poder apañarte
digo, acompañarte tu inmensamente feliz vida.

Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores,
y que el copy por Silvio no me demande
por chingar unos versos coquetones.

Perdiste todo por chaka, la neta.
Te decía: estás bien bellaca, palabra,
te portaste sudaca, malrollo, bien naca,
y al chile no eres musa de este poeta.

Ojalá ese dude la tenga grande,
sea de varo y sepa dar buenas entradas
al banco en sus cuentas bancarias,
sea maduro, dejado y esas mamadas,
y te ame con tal pasión y arrebato
así como amo yo el comer
en Burger King, en el paraíso, estremecido
de papas fritas, entremeses, chiken tenders.
Un amor inocente como una whooper
junior dentro de otra whooper, un amor
incondicional, más allá de lo eterno
y lo sensato: whooper triple con triple postre.

Todavía no encuentro quién me mande.
Tú, así, seguro no hallarás quién aguante vara.
Todavía me preocupo por ti
porque yo siempre hago trampa:
te tengo cuando escribo;
tú, en cambio, no me tienes en nada.

-Miguel Ángel Ramírez Solano

9 jul. 2013

Tristeza de mar - Theophile Gautier (Francia, 1811 - 1872)

Vuelan como jugando las gaviotas;
y los blancos corceles de la mar,
encabritados sobre el oleaje,
sus despeinadas crines dan al aire.

Cae la tarde y una fina lluvia
apaga las hogueras de la noche;
a su paso el vapor escupe hollín
y abate su penacho largo y negro.

Más pálido que el cielo sin color,
me dirijo a la tierra del carbón,
donde reinan la niebla y el suicidio; (1)
—Hace un tiempo ideal para matarse.

Siento ahogarse mis ávidos deseos
en el abismo amargo que blanquea;
se arremolina el agua, danza el barco,
el viento cada vez se hace más fresco.

¡Está tan dolorida el alma mía!
El océano se hincha, suspirando,
y su desesperado pecho me parece
como un amigo fiel que me comprende¡

Penas de amor perdidas, adelante,
esperanzas truncadas, ilusiones
apeadas de alturas ideales,
 podéis saltar hasta los surcos húmedos!

¡Id al mar, sufrimientos del pasado
que volvéis nuevamente para hurgar
en vuestras cicatrices mal cerradas
intentando otra vez que lloren sangre!

Id al mar los fantasmas de mis sueños,
congojas de mortales palideces
en este corazón con siete espadas
como lleva la Madre dolorosa.

Cada fantasma se sumerge y lucha
durante unos momentos con el agua
que lo cubre al final de su voluta
y lo engulle lanzando un gran sollozo.

¡Oh, pesado equipaje, lastre de alma,
tesoros miserables y queridos
hundíos y después deeste naufragio
yo mismo os seguiré al fondo del mar!

Lívido, hinchado e irreconocible,
mecido por las olas que susurran
en la húmeda almohada de la arena
sé que voy a dormir bien esta noche.

...Pero hay una mujer que con su capa,
en el puente sentada y solitaria,
una mujer encantadora y joven,
de repente me mira desde lejos.

En su mirada, a mi desolación
la Simpatía de brazos abiertos
habla y sonríe, hermana o bien amante.
¡Qué ojos azules! ¡Agua verde, adiós!

Vuelan como jugando las gaviotas
y los blancos corceles de la mar,
encabritados sobre el oleaje,
sus despeinadas crines dan al viento.

(1) Inglaterra.  

-Theophile Gautier

31 may. 2013

Sargento Marlboro - José Luis Domínguez (México, 1963)

James Blake Miller,

bravo muchacho de Kentucky,

perdido entre las calles devastadas, entre los escombros de Fallujah,

tomado a sangre y fuego centímetro a centímetro.



No sabías,

no imaginabas

que la serena frescura de tu rostro,

a pesar de la constante lluvia de metralla,

se habría de volver la más famosa,

la más codiciada,

en esa historia sórdida de la guerra tejida allá en Irak.



Te sentaba bien ese uniforme camuflado de arena y viento,

ese chaleco antibalas;

te sentaban bien, marine, tu casco y barbiquejo,

tu cigarro marlboro,

tus ojos cafés y tu mirada nostálgica,

perdida en el primer crepúsculo.



Las jóvenes mujeres en edad casadera

preguntaban por tu nombre al ver tu rostro en todos los periódicos,

y muchas madres confundían el rostro de sus hijos con el tuyo.

Todas querían tener en casa un James para su uso personal e íntimo,

Todas soñaron varias noches con un héroe de bolsillo made in Kentucky.

Pero la fama,

a qué dudarlo,

no es tan noble y gentil dama como todos suponen;

detrás de la estela que deja su paso, lleva arrastrando su propia factura.

La fama,

esa maldita perra,

esa maldita prostituta,

es una víbora siempre dispuesta a morderle el calcañar a uno.

Serían los tuyos, James, más de cinco segundos de gloria,

y Andy Warhol se revolvió en su tumba

al enterarse de pronto que habías roto las expectativas.



¿Creíste, James, que el infierno empezaba en Fallujah,

entre las fatigas constantes y dolores,

entre el fuego y el humo pertinaz,

entre los escombros y las casas de adobe que habían quedado

milagrosamente en pie

después de la refriega?

Convéncete, James Blake Miller,

Sargento Marlboro,

Marine del primer batallón del la compañía Charly,

que abrir las puertas de tu casa para enlistarte en la milicia

fue como abrir las puertas del infierno.



Sobreviviste, James,

es cierto,

pero no saliste del todo ileso, indemne…

¿Lo recuerdas, James?

¿Lo recuerdas bien?

Fue al enfocar tu mira telescópica,

bajo la presión de un fuego cruzado, aquella mañana sofocante,

cuando viste emerger de entre los restos de automotores destartalados

aquella cabeza de cabello oscuro y rizado,

y confundiéndolo con un enemigo,

con un rebelde sunita que defendía su tierra, su casa, su familia,

le volaste los sesos con tu rifle de asalto M-16.

¡Sólo tenía siete años, James,

y el cabello más hermoso, más negro y más rizado que cualquier niño en Fallujah,

y su piel era aún más tersa que los pétalos más finos de todas las estrellas del desierto

llamadas rosas de Jericó,

y se llamaba Hammet,

y tenía los dientes más blancos que las perlas del océano,

y era un niño listo,

un niño alegre,

e iba en segundo de la escuela elemental!



¡Pobre de ti, James!

¡Creíste que el infierno en Fallujah se quedaría en al-jumhuriya-al-iraquia,

o enterrado bajo los escombros de la estatua de Saddam Hussein!

¡Creíste que el infierno se quedaría allá,

en el otro continente,

con el mar de por medio!

¡Pero te equivocaste, James,

el infierno te lo has traído a casa, James,

y nunca, James, nunca,

podrás salir de él!

José Luis Domínguez

27 abr. 2013

2 poemas - Leonard Cohen (Canadá, 1934)

Escuchando en todas las esquinas

A veces recuerdo
que he sido elegido
para perfeccionar a todos los hombres;
me lo recuerdan las luciérnagas,
el arroyo que pasa al lado de mi cabaña.
Si yo hubiera tenido que ser poeta
no podría hacer
los perfectos anillos de humo
por los que soy bien conocido;
me distraería
la posible belleza de mi pluma,
pero no lo soy;
me perdería,
me habría perdido con las mujeres
que tan implacablemente perseguí,
pero no lo hice,
yo estaba llamado a ser
la semilla de vuestra nueva sociedad,
yo estaba llamado a ser
el rey invisible y sin corte.
Yo soy eso:
el más claro ejemplo de realeza
que te sirve esta noche
mientras hace la cama para el perro
y las luciérnagas brillan
a sus distintas alturas.


No es tan difícil decir adiós. Cierto es, la mente sangra un poco, pero si no te haces la raya del pelo muy profunda nadie lo mencionará. Y, ciertamente, el ego se resiente como un diente ante el azúcar cuando acepta al fin una perfección extraña, pero aún así las despedidas se llevarán a cabo, y no desde tan lejos como uno podría creer. Sólo estamos aquí, trepando por la refulgente reflexión de la destartalada escalera que cedió bajo tus pies, nuestras botas atravesando sus peldaños con el sonido de una ametralladora. ¡Mira! eso que hay en la calavera es una sonrisa. El año pasado pensábamos que sólo los hipócritas le hacían eso a sus bocas.

Leonard Cohen

Colonia Guerrero - Vicente Quirarte (México, 1954)




A veces pienso que no vale la pena andar
cascariando la canica.
Gabriel Vargas, La Familia Burrón, 8 de agosto de 1976, p. 9.

La navaja o la botella,
el río de vómito que corre tras el puente,
la blasfemia que flota sin fuerzas en el aire
(volando con las alas pesadas del ángel
ya desterrado y resignado a su suerte);
el café con leche saboreado apenas
ante la perspectiva sucia de la mañana;
el amor triste y cansado en los hoteles,
y la risa del hombre
y la riza feroz del hombre solitario
que camina acompañado entre multitudes
y en cada chinga tu madre realiza
la comunión del hombre.
Gabriel, el ángel solitario,
ángel por la sonrisa y por el nombre,
la risa obscena y limpia
como una prostituta la noche que descubre
que los hilos de sus medias se han corrido.
La risa, culebrón invadiendo los palacios,
haciendo retumbar todos sus cimientos,
rodeando cuerpos lavados en tinas olorosas,
pulcras cabelleras donde vive la lavanda.
Y la risa, y la risa, y la risa
heroicamente idiota de los otros,
la risa estalla en vez del llanto,
la risa con la que algún día
habremos de asaltar las otras lindes,
allá donde la risa surja con el alba
y nos vea un payaso hambriento,
absurdo y cruel, muriéndose en la noche.

Vicente Quirarte

2 poemas - Yaxkin Melchy (México, 1985)

El hombre de arena 

Antes cuando yo no existía Miraba el universo Me sacaba la ropa La corbata que me puso mi madre La camisa húmeda Antes cuando yo no existía y el Universo era de mariposas Y los soles de gelatina y los fantasmas de los que vienen también estaban plegados en una semilla Antes cuando cada palabra estaba pegada en mi hombro y cada árbol estaba en cada palabra Cada árbol de lenguaje Antes cuando todo pasaba entre mi pene y mi boca Cuando la vía láctea aún era un punto cómico Y las cortinas de las auroras no se habían levantado Antes cuando era nuevo el espacio y recién cortado el tiempo Antes que dios cayera y aparecieran las montañas Cuando yo no existía Ni la palabra amor ni su reflejo de vampiro en el mar Cuando todo era una trampa y los gitanos corrían desnudos y se arrancaban los cabellos Cuando la célula era más grande que mi pensamiento Y mi cerebro giraba en un carrusel de dinamita Cuando yo no existía y habitaban los esqueletos sin mandíbulas y sin cabeza Y miraba arañas oscuras que iban tejiendo el cuerpo de esta red de pesca llamada espacio Yo no sabía mucho Casi nada Y los peces dorados me llevaban a la morgue Y entonces pensaba Aunque sea un niño desnudo el mundo me desatará la lengua y Escogía mi cuerpo Y me vestía de los animales y las plantas Alzaba mis brazos que aún no existían Alzaba mi poema entre las preguntas



 * 

niñ@s les voy a cantar un poema 

Hace falta locura en el mundo mexicano hacen falta banderas que salgan de los cuatro puntos cardinales que son notas sonoras Hace falta un teclado infinito para ponerse a brincar y romper toda la música porque la música ya estaba rota y hay que romperla más porque la vida ya estaba rota y hay que romperla más porque la familia ya estaba rota y hay que romperla más porque el lenguaje ya estaba roto y hay que romperlo más porque en lo roto está nuestra hoguera nuestra hermosa llamarada que es como una flor de fuego que crece en la basura porque ya no hay agua porque ya casi no hay estrellas porque han matado a todos los perros callejeros y ahora tenemos que llenar ese espacio con vagabundos porque los edificios ya se han hundido porque las escuelas ya están hundidas y las universidades no asoman nada ni una luz para el futuro porque es hora de atrapar con los corazones las palabras como si los corazones fueran atrapamoscas como si nosotros fuéramos plantas carnívoras devorándolo todo devorando todos los libros las canciones los grafittis y no pueden decirnos nada y pueden reprochárnoslo todo hemos sido cada vez más delincuenciales porque nos revolcamos haciendo el amor delincuencialmente porque nuestros pezones son flores porque tus pezones son flores porque la garganta es el sombrero de un mago porque solo había conejos en nuestro corazón porque la vida está cada vez más a la baja y la rutina se cotiza mejor en el mercado porque este ya no es un grito ni un chillido porque nos debemos quedar mudos escuchando este poema como si tuviéramos que llenar luego un cuestionario porque debemos o deberíamos en- tender de alguna manera qué hacemos aquí pero no sabemos ni por qué estamos aquí abriendo un hoyo a la bandera nacional haciendo un terrible escándalo con los minutos entregados en vez de estar recitando los más lindos poemas de amor porque esto es un poema de amor un poema del mayor amor posible que es el amor que se le tiene a lo que aún no se sueña que es el amor que se le tiene a tu niño del futuro el amor que se tiene a la poesía pero a una poesía de la vida un amor que no es a la patria ni al aula ni a un estilo de vida sino a los cuadernos ray- ados a los cuadernos dibujados y apuntados con nombres que luego no podemos borrar y teléfonos que ya no recordamos y pequeñas cartas que nos salvan otras veinticuatro horas porque fumamos y nos gusta porque nos emborrachamos y luego no nos gusta pero tampoco nos gusta cantar el himno nacional y preferimos litros de cervezas vaciándose en la fiesta y entonces entonamos cualquier nuevo himno nacional porque como dijo mario santiago no queremos que nos oculten como a un niño marica a vivir en un barril sin fondo barril sin fondo barril sin fondo repetimos repetimos hasta que se acabe la humanidad no entendí nada no entendimos nada sólo entendemos que cuando vengan los extraterrestres y encuentren esta casa hecha un enorme chiquero nos dirán qué de malo hemos hecho y quizá entonces estemos corriendo desnudos acariciándonos desnudos abotonándonos unos zapatos rotos y quizá estemos drogados demasiados drogados o hayamos visto demasiadas películas sin saber que esto también era una película o hayamos leído tan- tos cómics sin saber que esto también era un cómic anime con chicos y chicos besándose y chicas y chicas besándose y todos besándose y así irnos excitándonos para besar a los más lindos y a los más feos y así irnos provocando unas ganas inmensas de cantar en la oscura habitación con las estrellas apagadas con el universo apagado con la máquina de luces encendida porque si estuviera triste escucharía una y otra vez la misma canción una y otra vez la misma canción pero ya ni nos dejan hacer eso y seguimos tristes y en nuestra mente tenemos unas ganas demasiado hermosas demasiado radicales y demasiado desesperadas de cantar de cantar de cantar de cantar

Yaxkin Melchy

14 abr. 2013

Tres poemas - Carla Striker (Venezuela, 1986)

Memorándum

El lunes,
el aparato gubernamental
y la burocracia ministerial
me chuparán la sangre.

Espero que la hoja membretada
del memorándum 713
me corte las venas.

Quisiera que me dieran, al menos,
una carta de despido
en forma de poema.






Para la noexistencia

Compongo un Himno Nacional
para la noexistencia
pero no es suficiente.

Redacto un epitafio por encargo
para la noexistencia
pero no es necesario.

Escribo una nota suicida
para la noexistencia
y se va complacida.


Credo

Creo en la poesía y en la antipoesía.

Creo en los Nadaístas y en los Dadaístas.

Creo en Neruda, en Gelman, en Benedetti.

Creo en la gata de Gioconda,
en el sapo de Girondo,
en los perros de Juan Calzadilla
y en los gusanos de Mario Meléndez.

Creo en los heterónimos, en los autónomos y en los antónimos.

Creo en la poesía como herramienta salvavidas.
Creo en la poesía como arma blanca.

Creo en la poesía que se subleva.
Creo en la poesía que se suicida.

Creo en la poesía bajo las piedras,
en la poesía que lanza piedras
y en la poesía piedra en el zapato.

Creo en la aliteración, en la repetición y en la redundancia.

Creo en la renovación poética,
en la palabra necesaria.

Creo en lo cotidiano,
creo en lo que otros no creen,
creo en lo que muchos dejaron de creer.

Creo en Carla Striker.

-Carla Striker