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27 jul 2012

2 poemas - Enrique González Rojo (México, 1928)

En el mercado

Entre el puesto de dulces
y el de verduras
se coloca el vendedor
de palabras.
Después de ordenar la mesa de sus productos
tender el toldo contra el sol
y acercarse la silla
se pone a pregonar:
¡Pase a comprar su palabra preferida!
¡Palabras narcotizantes para combatir
el dolor de muelas!
¡Palabras para la nostalgia crónica!
¡Palabras para escudarse de la agresión
de otras palabras!
Si un cliente se interesa por la mercancía
el vendedor aprehende con unas pinzas
la palabra seleccionada
la desempolva
la envuelve
y la entrega al comprador
acompañada de unas instrucciones
para su uso.
Hay vocablos en efecto
que deben ser dichos poco a poco
como deletreando la fuga
de la emoción saboreada.
Otros deben salir de golpe a la intemperie
con su breve bufanda de saliva al cuello.
Cuando termina el día
el mercader levanta su negocio.
Se echa su morral de vocablos a la espalda
y parte en busca de otros pueblos.

Por las noticias que nos han llegado
se puede asegurar
que este vendedor
en unos pocos meses ha ido destruyendo
punto por punto
población tras población
grandes comarcas de silencio.

Testimonio

Yo me abstengo.
Que conste en el acta
mi protesta contra la mayoría
y la minoría.
Contra la mayoría que se pronuncia
por el arte llamado social.
Contra la minoría que lo hace por el llamado puro.
Yo me abstengo.
Yo voto con el brazo hacia abajo.
Yo voto porque no se vote.
Ya sé que la abstención no importa.
Pero que conste en acta.
Aunque mi rebeldía
represente un cero
muy a la izquierda.

Enrique González Rojo

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