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16 ene 2013

Segundo sueño - Bernardo Ortiz de Montellanos (México, 1899 - 1949)



A Raoul Fournier

-ARGUMENTO-
Una máscara de cloroformo, verde y olorosa a éter, cae sobre mi cuerpo angustiado, horizontal, sobre la mesa de operaciones erizada de signos como un barco empavesado. Sobre mi cabeza Saturno, con su anillo de espejos, lentamente voltea y se mueve. Batas blancas y enormes manos enguantadas de sangre me persiguen. Pasos de goma van y vienen en silencio como ratones.

Grito. Veo mis gritos que no se oyen, que no los oigo, que se alejan y se pierden. Última imagen mi boca. Minero de mí mismo estoy dentro de mi propio cuerpo. Angustia y soledad. Ejercicios de profundo sueño. El cuerpo vive. ¿Alma? ¿Cuerpo? Fuera de la conciencia, del subconsciente y la memoria, el profundo silencio y el “no sé”.

Y un retorno alegre, vital, a los sentidos que se beben la hirviente luz de la mañana y el aire fresco, impregnado de codicia, con toda la sed de la ventana.

Lo último que se pierde es el oído. Una voz nos lleva y una voz —la misma— nos trae desde muy lejos, desde otro túnel maternal, en ascenso del fantasma a la carne y del silencio al rumor.

(Apuntes después de la anestesia.)
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Au fond de l'inconnu pour trouver du nouveau
Charles Baudelaire
Del sonido a la piedra y de la voz al sueño
en la postura eterna del dormido
sobre mármol de cirios y cuchillos
ofensa a la raíz
del árbol de la sangre —concentrado—
mi cuerpo vivo, mío,
mi concha de armadillo
triángulo de color sentido y movimiento
contorno de mi mundo que me adhiere y me forma
    y me conduce
del sonido a la voz y de la voz al sueño.

Batas blancas y manos como encías
Pasos leves de goma de ratones
Luz hendida, amarilla, luz que hiere
bisturí del más hondo hueco de sombra oculta
Luz de paredes blancas, anémica, de mármol
Nidos del algodón para lo verde y negro
de la vida y la muerte.

Mármoles y aluminios
que no empaña el reflejo ni el aliento ni el alba
de unos ojos de niño
Luz de allá de la llama amarillenta
para el aire del éter más fino de los cielos
Nidos del algodón
para las alas de los peces del alcanfor y el yodo
líquidos mensajeros de la muerte.

¡Oh, Saturno,
escafandra de siglos en mi siglo,
descenderás conmigo entre los brazos
a un mundo de sigilos.
Y detrás de la muerte —centinelas—
ojos de dos en dos vivos, cautivos.

Soy el último testigo de mi cuerpo

Veo los rostros, la sábana, los cuchillos, las voces
y el calor de mi sangre que enrojece los bordes
y el olor de mi aliento tan alegre y tan mío!

Soy el último testigo de mi cuerpo

Siento que siento
lo frío del mármol
y lo verde
y lo negro
de mi pensamiento

Soy el último testigo de mi cuerpo

       Postigo de sangre y llamas
       Que bajo la piel respira
       Equilibrio de las palmas
       Que los vientos equilibra

       Onda de otra mar salina
       Con la tierra horizontada
       Para paloma perdida
       Y entre latidos hallada

       Vida que por mí vigila
       Oculta detrás del alma
       La que mi cuerpo equilibra
       Postigo de sangre y llamas
       Mi nombre mi edad mi cuerpo
       Ese que fui le he olvidado
       Soy el alma que me hice
       Y el cuerpo que me han quitado
       (minero de mis ojos y mi oído
       minero de mi cuerpo oscurecido
       buzo perdido entre sus propias redes
       horadando prisiones y montañas
       por el silencio a flor de mis entrañas
       en donde se evapora lo sentido
       entre lunas, calor, sangre y paredes
       desciendo verdinegro y aturdido)

Ni vivo ni muerto—sólo solo
El alma que me hice no la encuentro
Sin sentidos, despierto
Con mi sangre, dormido
Vivo y muerto
Perdido para mí
pero para los otros
hallado, junto, cerca, convivido,
con pulso, sangre, corazón, ardiendo…

Esqueleto de nieve y de silencio
de sombra recogida en su vislumbre
desnudo en el dintel de los desiertos,
forma distinta de belleza rara
que la voz de mi estatua
no pudo asir desde su estrecha plaza,
esparce su corona de equilibrios
en mi silencio enjuto y envidiable
más allá de la boca de los pinos
que al tiempo alternan su minuto de aire.

Para un Dios sin latidos —Dios de sueño—
abrevia, mi silencio en su silencio
donde crece la luna
donde agoniza el pájaro
donde el espacio ignora su pie leve.

Para que el árbol goce de su verde
La raíz hace oculta y amarilla
Y de savia la sangre se acuchilla
Y de aroma la fruta su piel muerde

    Para que el árbol goce de su verde.

Para que el hombre nutra su ceniza
Guarda calor en la inválida mano
Sollozo mutilado en la sonrisa
Y la caricia verde del gusano

    Para que el hombre nutra su ceniza.

Para que el alma su cordaje mida
Desistida del cuerpo y de la fecha
Impersonal como la muerte acecha
La memoria dispersa de su vida

    Para que el alma su cordaje mida

Para que el sueño con sus pies descubra
La morada precisa de la muerte
Tiene el ojo conciencia de lo inerte
Y la voz; el silencio y la penumbra

Para que el sueño con sus pies descubra
La morada precisa de la muerte.

El que goza su cuerpo y su sonrisa
El que pesa la rosa
El que se baña en púrpuras de sangre
Espesa como mármol sin caricia
El que vive a la sombra deshojada
Del aire poco que respira y mancha
El verde por la orina verdenado
El plateado en ceniza
Que horada
Olvida
Hiere
Mientras goza el rescoldo de la muerte
El que de la mujer nada recibe

       Y al hombre no da nada
       El que asoma a los ojos sin cruzarlos
       El partido por dos y en dos mitades
       Iguales repartido
       El sin olor
       El Hombre
       Sólo por la palabra redimido.

       alúcida    veloz    clara    ceñuda
       desnuda    sofocada   misteriosa
       menuda     pura     impura   deseada
       libre     precisa    frágil    despojada
       sola    solemne    solitaria    y   alma

       alúcida    veloz    cálida    oscura
       orgullosa    dolida    apasionada
       ávida    tímida    arrojada    sobria
       sensible    fina    libre    leve    dueña
       multiforme    constante    sangre    sangra

Debe ser débil rama la que a tu voz responde,
impreciso el dominio del fantasma
y la muerte,
llano el césped de lirios y delirios
por donde corra libre lamento el de la mente
Debe ser fango el frío de las horas después
cuando se apague el fuego de la sangre
y el postigo y la llama,
horrendo el cataclismo de la separación de lo que unido
fue vida y fue veneno,
para que desde el mármol olvido de mi cuerpo
tu voz de viento y sombra
de medida medida
de calores delgados
me atraiga y me deslice y me conduzca
otra vez al torrente de la vida

Debe ser débil rama mi voluntad,
humo la sensitiva de mi mano
y mi presencia aislada y amarilla
cuando tu voz Ariadna, voz de viento y de sombra
caracol de palabras,
es mi último recuerdo y mi primer llamada
apenas balbuceo
en forma de palabra
que de nuevo me arranca a las entrañas
y me nace del sueño.

Luz que del sueño torna—forma clara,
luz, presencia, color y movimiento,
sin peso y sin pesar, desenlutada
que a las cosas devuelve su aislamiento

Luz que del sueño vuelve—forma viva,
insistente mirar de la mirada
absorta, nueva, día,
y por primera vez iluminada

Aire corredor
Forma desnuda
en su volumen fresco
y en su modo de ser casi de fruta

Aire que muerdo a gritos y cuchillos
por la primera vez
como un ahogado
que a la orilla del aire
sabe que respirar es verbo, gracia y pájaro.

Diluido en alegría
encuentro justo el mundo que se toca
se mira y me compara,
el multiforme y único
el mundo de mis piernas y mis brazos
discípulos del ojo
maestro de distancias,
el mundo colmenero de voluntad y llamas,
calles, ciudades, hombres, amenazas,
imágenes, prisiones, ríos, ventanas,
triángulo de colores que me devuelve el alma.

Voz que del sueño vuelve,
adonde la caricia no penetra
desciende, alegra, el aire, el sol, la sangre…
                                                         y me despierta.

 -Bernardo Ortiz de Montellanos

15 ene 2013

Canto sin estrellas - Dukardo Hinestrosa (Colombia, 1933)


A mi tío Noel, que un día 
amaneció muerto en la mansarda, 
 en posición de cúbito dorsal. 

Good evening” por la noche,
Norteamérica, es otoño. Se oscurece
la ciudad y mi alma todos los días,
a las cuatro de la tarde.

No tengo dollars, ni quarters, ni dimes, ni
cents. Hollywood enciende sus movie stars.
El tío Sam no cambia su vestido
a rayas. No parking, no smoking,
no admittance, Don´t walk.

Todavía se habla de Cuba y el premier
Khruschev; prefiero seguir mirando burlesque
y ver a las call girls consumirse como
cigarrillos Kent . Madam, please scotch;
thank you, lady; gracias, gentleman.

Me paro, camino hasta el fondo
del hall; vomito estrellas
donde dice “men”, me voy,
estoy cansado, quiero ponerme
horizontal. Por lo menos hay
tanto motel. No parking, no smoking,
no admittance, Don´t walk.

Los freeways reciben y disparan automóviles
por mil; Cabo Cañaveral: otro cohete
ha fracasado; esta vez no partía el coronel
Shepard. Las muñecas de Playboy hacen
su strip-tease; en Main Street, aún venden
marihuana y ron y habanos de la Cuba
de Fidel. No parking, no smoking,
no admittance, Don´t walk.

Tercera edición del Herald Examiner:
Mao invade a Nehrú; consejo urgente
de la ONU; Wall Street, caen las acciones,
aumenta el pánico; el café sigue firme
hacia abajo; Bolivia no tiene estaño
que vender, volverán los Patiños tal vez;
el petróleo se le está secando a Betancur,
mientras Pérez Jiménez viaja en limousine.
No parking, no smoking, no admittance,
Don´t walk.

Smile, smile…, Don Juan Váldez,
Tony Curtis y la Liz; 95 dollars un vestido
en Nueva York; la mezcalina ya la aplican
sin dolor y les dio polio a los hijos del Dr. Salk.
What do you want? -Chicken soup
and coffee, please… Cambió el semáforo,
-son 20 dollars, señor. No parking, no smoking,
no admittance, Don´t walk.

Tampoco salí esta vez en la revista
Life. I am looking for job, gentleman
o manager o foreman. I am looking
for job, in employment office. Yo,
señora, hablo español; pero no soy
de Cuba. Me exilé por mi cuenta,
sí señor. No parking, no smoking,
no admittance, Don´t walk.

Las teenagers muestran sus piernas
de marfil, tiemblan sus pelucas
doradas con el Twist. En el teatro
chino sigue West Side Story. Lady,
I am sorry, gracias mil.

Otro parade en Hollywood;
por Sunset Boulevard, cantará
la Anderson, un réquiem para
Marilyn, vendrá hasta Meredith,
Faubus, Sammy Davis Jr. y la Piaff
y tocará Armstrong la trompeta
del juicio final. Volarán los sabres
y los jets, llegará Mr. Mauser with
bazookas, junto con la cápsula de
Glen. Mejor déme, señora, otro
paquete de Camel y quédese
con el vuelto y el fusil. No parking,
no smoking, no admittance, Don´t walk.

I have no money, sir, today;
Pero lady, tengo mi alma entera,
los zapatos rotos y un deseo
violento de vivir.

-Dukardo Hinestrosa

12 ene 2013

2 poemas - (Los KFGC: Kikín Fonseca y el Gringo Castro - Colectivo poético, autores de los 80's, México)

Devil dog 

No soy perro de anuncio
comida enlatada y dueños amables
que llegan de trabajar
y dicen «nomuerde»
como si me conocieran.

No me interesa correr a casa
y avisar que Timmy
está a la orilla del barranco.

Me gusta perseguir sombras

ver el mundo en blanco y negro
sin saber si tengo alma o memoria a largo plazo.

Yo quiero sacar la cabeza
por la ventanilla de un auto a toda velocidad


Somos la generación
de pósters en las recámaras
y tapes rebobinados con un lápiz.

Los que miran el arte de un CD por horay media
y esperan 6 minutos de silencio
por el track oculto.

Los que recuerdan una mujer que llora a su esposo
y lee la nota de suicidio
mientras decenas de chicos encienden veladoras
y los camarógrafos de MTV buscan la mejor toma.

Quienes lidian con la cultura shuffle
los que defienden las piezas de 15 minutos
 los que hacen playlists
para las 2 horas de camino a la oficina
y las 8 frente al monitor
como si fueran los mixtapes
que cuidadosamente preparaban
para la excursión del colegio.


En la pared de los vecinos
apareció un graffiti de Pink Floyd.

Cuando dábamos instrucciones
para encontrar nuestra casa
era en Pink Floyd a la izquierda
o no te vayas a pasar del Pink Floyd.

Pregunté por el significado de esas palabras
mientras mi padre conducía el Volkswagen
para llevarme a la escuela.

Él encendió el estéreo y puso una cinta.
Al terminar la primera canción,
dije: también quiero escribir
Pink Floyd en las paredes.


-Los KFGC: Los Kikín Fonseca y el Gringo Castro

30 dic 2012

Por mi raza - Patricio Fuentes (México, 1992)

¿Por qué se ríe?, ¿por qué no pone atención?, ¿por qué no responde?, ¿por qué pregunta?, ¿por qué está borracho?, ¿por qué lo hizo?, ¿por qué no lo hizo?, ¿por qué no baila?, ¿por qué fuma?, ¿por qué el pelo largo?, ¿por qué se perfora?, ¿por qué no busca un buen trabajo?, ¿por qué no se rasura?, ¿por qué no se inscribe?, ¿por qué se tatúa?, ¿por qué chingados no se calla?

Pus no'más.

Porque llevo años amaneciendo con el escroto inflamado
y una insoportable comezón inguinal
que me generan las instituciones.
Porque soy tan pelotudo
que busco legitimarme como persona
a partir del conocimiento
que succiono
del lugar
en donde escupo
y que cada vez
me absorbe más.
Me aprehenden sus prisiones de cristal
y yo aprendo de sus cabezas de ganado
(sagradas o profanas)
sin cuestionarme nunca nada
como dando todo por sentado,
quizá sea que ya estoy harto
de que sus preguntas no busquen respuestas,
sino datos.
Que sigan buscando verdades absolutas
en realidades fragmentadas
en carpetas burocráticas
que nos cambian el nombre
por una matrícula
que cambian nuestro marxismo de juguete adolescente
por ganas de ser explotados más tarde.
-Discúlpenme cominteristas-
Me gusta usar buenos sombreros,
me gusta el buen tabaco,
el buen lícor,
los buenos libros,
la buena televisión,
los buenos juegos de Súper Nintendo
y los buenos blogs con memes.
Si esto fuera un buen poema, estaría lleno de buenos ripios y yo diría bueno,
y bueno, y bueno, y bueno, y bueno, y bueno, y bueno, y bueno, y bueno,
y bueno, y bueno, y bueno, y bueno no diría mucho más.
Diría bueno para contestar el teléfono
Igual que para darle gusto a cualquier idiota
-como yo-
Estaría bien
estaría bueno
estaría bien bueno.
Al fin,
yo soy de los buenos;
soy de los que no come carne
porque pobrecitos animalitos,
de los que aprenden ruso
porque pobrecitos sovietiquitos,
de los que marchan cada dos de octubre
porque pobrecitos compañeritos,
de los que no tramitan sus papeles
porque pobrecitos de los inscritos.
Pobres de aquellos cuyo nombre vuelto cifra,
cuya imagen vuelta espectro de pelo corto
ve rasuradas sus ideas,
porque me resisto
 a entrar en sus delirios
paranoicos y maniqueos
donde el bueno es bueno
y el malo es talibán
o es vietnamita,
o es el zar,
o es alemán,
o es perpetuamente mexicano
o de plano no sabe leer ni escribir
porque vean:
LAS PUERTAS NO ESTÁN CERRADAS
Los barrotes los cierran los billetes de $500, los paradigmas de belleza, las malas telenovelas, los grupos de AA, los imaginarios de blancura, la música del canal de la eme, la poesía de CONACULTA, los alumnos de la SOGEM,  de la IBERO, del COLMEX, de Lasalle, de la UNAM, de la UDG, del Politécnico, del INBA, de la UAM, de la ENAH, los sirvientes de todas las instituciones que a alguien le han cerrado las puertas.
Los barrotes los hacemos nosotros cuando somos quienes decimos:
-Compra café nacional
porque pobrecitos zapatistitas,
no digas negro
porque pobrecitos afrodescendientitos
no dejes de luchar porque
NO HAS MUERTO
NO HAS MUERTO
NO HAS MUERTO CAMARADA
TU MUERTE
TU MUERTE
TU MUERTE SERÁ VENGADA
¿Y QUIÉN LA VENGARÁ?
EL PUEBLO ORGANIZADO
¿Y CÓMO?
-¿y cómo?-
Luchando
hombro a hombro
codo a codo
muerte a muerte
pedazo a pedazo
NO DEJES DE LUCHAR
NO DEJES DE LUCHAR
ni aunque te dirijas al cadalso
ni aunque llores en mi funeral
NO DEJES DE LUCHAR
Lucha con los sudacas que están en la casa
con los europeos que están en la casa
con los africanos que están en la casa
con los asiáticos que están en la casa
con los latinos que están en la casa
con los caucásicos que están en la casa
con los polinesios que están en la casa
lucha junto a todos porque todos son tu raza
                                                        y mi raza
                                                       y por mi raza combatiente
                                                                     hablará el espíritu pensante.

Patricio Fuentes

30 nov 2012

3 poemas - Carlos Drummond de Andrade (Brasil, 1902 - 1987)

Procura de poesía 

No hagas versos sobre acontecimientos.
No hay creación ni muerte frente a la poesía.
Ante ella la vida es un sol estático:
no calienta ni ilumina.
Las afinidades, los aniversarios, los incidentes personales no cuentan.
No hagas poesía con el cuerpo:
ese excelente, completo y confortable cuerpo tan indefenso a la efusión lírica.
Tu gota de bilis, tu máscara de gozo o de dolor en lo oscuro
son indiferentes.
No me reveles tus sentimientos
que se aprovechan de lo equívoco e inducen al largo viaje.
Lo que piensas y sientes, eso todavía no es poesía.
No cantes tu ciudad, déjala en paz.
El canto no es el movimiento de las máquinas ni es el secreto de las casas.
No es música oída de paso; rumor del mar en las calles junto a la línea de espuma.
El canto no es la naturaleza
ni los hombres en sociedad.
Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza nada significan.
La poesía (no saques poesía de las cosas)
elude sujeto y objeto.

No dramatices, no invoques,
no indagues. No pierdas tiempo en mentir.
No te aborrezcas.
Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,
vuestras mazurcas y supersticiones, esqueletos de familia
desaparecen en la curva del tiempo: es algo fútil.
No reconstruyas
tu sepulta y melancólica infancia.
No osciles entre el espejo y la
memoria en desaparición.
Se disipó: no era poesía.
Se partió: cristal no era.

Penetra sordamente en el reino de las palabras.
Allí están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, pero no hay desesperación,
hay calma y frescura en su superficie intacta.
Helos solos y mudos, en estado de diccionario.
Convive con tus poemas antes de escribirlos.
Ten paciencia, si oscuros. Calma, si te provocan.
Espera que cada uno se realice y consuma
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces al poema a desprenderse del limbo.
No recojas del suelo el poema que se perdió.
No adules al poema. Acéptalo,
como él aceptará su forma definitiva y concentrada
en el espacio.

Inclínate y contempla las palabras.
Cada una
tiene mil fases secretas bajo la faz neutra,
y te pregunta, sin interés por la respuesta
pobre o terrible que le des:
¿Trajiste la llave?

Observa:
Yermas de melodía y sentido
ellas se refugian en la noche, las palabras.
Todavía húmedas e impregnadas de sueño,
fluyen en un río difícil y se transforman en desprecio.


La flor y la náusea 

Pertenezco a mi clase y a algunas ropas,
voy de blanco por las calles sucias.
Melancolías, mercaderías me acechan.
¿Debo seguir hasta la náusea?
¿Puedo rebelarme sin armas?

Ojos turbios en el reloj de la tarde:
no, no ha llegado el tiempo de completa justicia.
El tiempo aún es de heces, malos poemas, alucinaciones y espera.

El tiempo pobre y el poeta pobre
se funden en un mismo impasse.
En vano intento explicarme. Los muros son sordos.
Bajo la piel de las palabras hay cifras y códigos.
El sol consuela a los enfermos y no los restablece.
Las cosas. ¡Qué tristes son las cosas, consideradas sin énfasis!

Vomitar este tedio sobre la ciudad.
Cuarenta años y ningún problema
resuelto, ni siquiera ubicado.
Ninguna carta escrita ni recibida.

Todos los hombres vuelven a casa.
Son menos libres pero llevan periódicos
y deletrean el mundo, sabiendo que lo pierden.

Crímenes de la tierra, ¿cómo perdonarlos?
Tomé parte en muchos y otros oculté.
Algunos vi bellos, fueron publicados.
Crímenes suaves que ayudan a vivir.
Ración diaria de engaño distribuida en casa.
Los feroces panaderos del mal.
Los feroces lecheros del mal.

Prender fuego a todo, incluso a mí.
Al joven de 1918 lo llamaban anarquista.
Sin embargo mi odio es lo mejor de mí.
Con él me salvo:
a casi nadie doy una esperanza mínima.

¡Una flor ha nacido en la calle!
Pasan de largo, camiones, omnibuses, ríos de acero del tránsito.
Una flor todavía descolorida
elude a la policía: rompe el asfalto.
¡Guarden completo silencio, paralicen los negocios,
aseguro que ha nacido una flor!
Su color no se percibe.
Sus pétalos no se abren.
Su nombre no está en los libros.
Es fea. Pero es realmente una flor.

Me siento en el suelo de la capital del país a las cinco de la tarde
y lentamente acaricio esta forma insegura.
Del lado de las montañas, nubes espesas van agrandándose.
Una lluvia menuda agita el mar como gallina espantada.
Es fea. Pero es una flor. Ha roto el asfalto, el tedio, la náusea y el odio.


Masacre 

Eran mil que atacaban
el objeto indefendible
y pa y pe y ui
y vupt y rrr
y la risa del pajarraco en el aire
graznando
mil que espiaban
los alfabetos purpúreos
desatándose
sin rumbo
y llmn y nss y yn
eran mil que sentían
que la vida refugia
del acto de vivir
y ahora circulaban
sobre toda ruina.

Carlos Drummond de Andrade

26 oct 2012

Y me cuentas... - Diego Gutiérrez (México, 1992)

Y me cuentas de los besos que te das con el Sol. ¿Qué mentira quiero seguir jugando? Al revés y enfrente la realidad me dice: Orfeo, canta por otra rosa, ésta ya no te quiere; al revés y enfrente escucho la pasión que tiene con el Sol mi querida Luna. ¿Qué demonios quiero seguir jugando? si al derecho y al revés me dice la modesta paciencia: Orfeo, llénate de lujos y combate la melancolía con tu música. ¿En qué momento? quizá en ninguno, quizá en todos, quizá, sólo quizá, en el momento que tú ya no me ames. Así me cuentes los besos que te des con el Sol, me importará ñufla y aunque busque verte como la perrita de Marte, prefiero verte como la divinidad de mi historia. Si mato la melancolía pensando en ti, la música me matará de melancolía pensándote. Me ahorco en tus pupilas porque te quiero y en la desesperada noche de una constelación que guarda mil deseos, el mío es simple: tenerte conmigo, pero los besos de mi infancia recorren tu abdomen como si fueran los de una mosca, y no te fijas en ellos, y vas con el Sol a revolcarte con pasión. ¡Ay, mi lunita querida!, ¡ay, mi bella amada!, ¡ay, mi torpe cegués hacia ti!, ¡ay, luna prometedora!, quédate conmigo. Ésos son mis deseos de una noche melancólica, donde lo único que queda es perder la conciencia y decirte que te quiero, y que ya no tengo la paciencia para ver cómo procreas con Sol y dejas a Venus afuera de tus palpitaciones. Luna, qué pasará cuando no me veas más en las noches, si en el día con los rayos del Sol te tapo y recuerdo que yo me beso con tu Sol y con tus pendejadas. Estúpida ballena gigante, redonda y blanca, tenue como sutil, arrogante por naturaleza. Te reconocería donde fuese, pero hoy te olvido para que algún día me beses como lo haces con el Sol, mi putita Luna; para que llegue a ser tan tramposo y mentiroso, que llegue a ser puto de profesión y Luna, mi querida Luna.

Diego Gutiérrez

24 oct 2012

Aliteral poema elástico para linotipistas - Tomás DiBella ( México, 1954)

Sentémonos frente a las brasas, compa,
y tómate otra cerveza;
hay que callar lo que la noche hace con sus estrellas
este sol ha chamuscado las ideas de la sombra
nos lleva adormilados frente a la frontera del día,
he hecho trizas nuestros alimentos: huevos, espíritu, tortillas, poca cosa.

Escucha cómo dicen por la radio
que te vayas y te mueras solo
mientras se hace cola por trozos de la nada
y amaneces con la punta de una bomba en la garganta:
jugo matutino en que estallan tus ojos en todos los países.

Andamos descalzos sobre picudas piedras (ama y calla; oh, dolor)
con esta mudez tan llena de palabras,
con ganas de patear asilos de silencio.

El río corre -inmundo el cabrón-, viene del norte:
pobre de tu alma,
ropas colgadas y amorosas presencias en dientes de la muerte,
calaca que te toca, carne que hace fila, trenes sin amor,
reportes en el diario, en la mañana de la patada
en medio de una guerra
que a todos nos retuerce el hígado, las tripas,
y el triste corazón.

Échale leña, compa, que se nos apaga,
se nos va como pendejos la historia de mi abuela,
la de las carabinas, naranjas, leche y pólvora
tejida por hermanas, madres, hijas amorosas
en lo oscuro de este siglo que agoniza y acongoja.

Entonces el recuerdo,
de las manos de mi abuelo apretando el hambre en trenes de la leva,
sacando pan, ladrillos, hijos y estallidos de amor de un solo horno
rojo, colérico, sanguíneo,
sin ayes de cobardía o pizca de congoja.
gritando de locura
¡libertad, ponte a bailar desnuda esta noche,
acércame tus nalgas, que las quiero coger!

Ábrete de piernas, memoria; atízale al fogón, mi compadrito,
la selva se la tragan los voraces
que incansables
rompen la tenue piel que cubre el sueño de tus hijos,
nuestros hijos, herederos de las chanclas viejas,
únicos dueños eternos de la plata de la kodak,
de la pulpa del papel del billete verde,
de la planta de hule de la llanta que rechina idiota,
esos nuestros hijos, únicos dueños de lo verde que nos roban,
del barro que saquean, del café que se aglutinan
del tabaco que se chupan,
del maíz que nos robaron.

Ábreme los ojos, memoria; ponle tinta, compadrito, que se pierde;
enjúgate la sal de esa mirada que lenta corre bajo tus pupilas,
que no te acojone el desconcierto
está aquí, a la vuelta de la esquina ese holocáustico desmadre
aunque el sol reparta aún sus trapos amarillos
sobre las azoteas de esta parte tan jodida del mundo.

Pero me gana la nostalgia
¿quiénes son estos hijos de puta?,
¿quiénes son los que se chupan la sangre de mi gente?,
¿quiénes nos quitan este poema eterno de amor?

Desarruga esa piel, compita,
hoy yo hablo de esta metáfora de piedras lanzadas al vacío
mientras estas aves negras graznan impúdicas nuestra muerte.

Oh, queridos rostros hechos barro, yo quisiera y no puedo traerlos a mi mesa
y que hablen solitarios del camino al ventarrón,
del olor a cuero viejo del taller del enemigo,
de los juegos de pelota sin acróbatas ni cuentas,
de las luchas con gandules en horarios de agonía.

Yo quisiera, pero es la conciencia,
redonda, vieja y desguanzada,
la que carga la fruta que nos alimenta
y pone en claro, concreta y amorosa
la punzante bala que llega rápida al vientre del trabajador,
al que cae sin remedio en eternas alegatas,
barriendo sin descanso lo roto del edén mortificado.

Hoy leo en la tarde de vencidos,
con las ácidas lluvias y un sol enmarcado de misiles,
como una paradoja llevo
los pantalones desgarrados de mi abuelo, árbol solo,
y la mano deshecha con las plantas trituradas
por siglos de empuñar los instrumentos,
de acariciar los surcos regados de sudor, la neta,
para hacer germinar generaciones
que ahora caen enteras.

La historia ya no es nada,
es una eterna noche en desvelo, un cuerpo sin césped,
una sequía de ideas,
una voz que desaparece entre el polvo del camino,
palabras que palpitan poco tiempo y luego mueren;
son manos hundidas en tierra requemada,
es cabello que deforme abre puerta a la locura,
alimento que rechaza un estómago perdido.

Entonces llegará otro tiempo, el del
hombre sin ataduras, sin límites ni glotonería,
el del hombre asidero del intento, el de antes
del agandalle y arrebate y ojetería,
el que compartía, el hombre del día;
hoy es de noche.

Tomás DiBella

16 oct 2012

Responsorio: Eva en el paraíso - Mónica González Velázquez (México, 1973)

Para todos nosotros caerá la noche y llegará la diligencia. 
Disfruto la brisa que me conceden y el alma que me han dado para disfrutarla, 
y no me interrogo más ni busco. 
Bernardo Soares
Hoy desperté con una tibia sensación de tristeza. Todo cuanto busqué en la tierra, se ha instalado en este cuerpo. La belleza es algo que desconozco.

Cae la noche, avanzo cual bestia caprichosa que no entiende de utopías, ni de consuelo en el sosiego de este paraíso que habito.

Puedo ser la manzana que se asfixie en su propio regocijo, la serpiente que se meza en los labios de la luna, pero soy la rencarnación de Lillith.

El bullicio de las aves no me clarifica el pensamiento, el agua de los ríos no me conforta, el verde de los valles no me parece sublime ¿Qué es esto que guardo en las entrañas?

Miro la perfección de los miembros que me forman, uno el conjunto y camino en círculos, miro la sombra que reflejo: sé que soy perfecta como la que buscó refugio en el Mar Rojo; con el índice compruebo la resistencia de mi arcilla, la sensación que no digiere la entraña.

Antes de ser expulsada del paraíso terrenal, debo pedirte que dibujes tus labios en mi espalda y que al hacerlo, dejes el espacio justo para la envergadura de mis alas, porque no voy a permanecer en este reino al amanecer.

Este cuerpo que me alberga es geografía desconocida para los instintos que recorren la desnudez que me avergüenza.

Nuevas formas estallan en la cúpula azul que me rodea, pueden ser las señales del destino que me aguarda.

Comí, bebí, bailé y amé todo lo que me rodeaba, cien mil soles representan mi existencia y ahora muero junto con los ríos que me vieron nacer.

El agua que reflejó mi rostro, tal vez encuentre consuelo en el canto del cisne, el croar de la rana, el zumbido de la cigarra.

Uno las puntas del cielo estrellado, fósforos incandescentes iluminan la impronta de mi sombra en los caminos.

Golondrina de alas rotas, no vuela pero danza la canción desconocida del colibrí.

Dejo a todas las bestias que habitaron mi paraíso, las palabras que ya no pronunciará mi boca:

El hombre asciende las ruinas de su cuerpo cuando la piedra es un cometa iracundo. Los milagros podrán suceder si las ventiscas no se llevan las arenas hacia el Sur; a las grutas escarpadas donde la piedra es pan y el agua vino, donde las manos se agrietan, donde el tiempo transcurre en el cuchicheo de los ancianos.
Las piedras gritan los nombres de los que ya se han ido, de los que rastrean las sombras de cuerpos ajenos, de los que no descienden.

Algún infortunio les habla, algo queda por hacer, aquí la palabra versa y versa; allá el silencio duerme el quebranto. Algo queda por decir.

Ahora me voy al destierro, con la osadía de un perro en celo y el olor de tu sexo entre los dedos.

Mónica González Velázquez

13 oct 2012

De Guardia - Sergio Osorio (México, 1981)

Zumban alas que se posan en tus brazos
y mezclan otra sangre con tu sangre enferma.

Cantan los grillos de esta casa
y me alegro que la habiten
para no escuchar los lamentos de tu infierno.

El reloj truena en punto de las tres.

En la televisión
una chica ruega que le llame,
mostrando un fajo de billetes;
unos brasileños venden a Dios
como venden sus bosques;
un hombre besa sus bíceps
y se burla de cuando era un infeliz…

Los grillos callan,
se refugian en las grietas;
escucho un estruendo de pisadas:
es la muerte otra vez,
corriendo sobre el techo.

Sergio Osorio